Escrito el 11-03-2008
en (capitulos) por Paola Diaz

Amigos totalmente desconocidos para mí (ni siquiera sé si debería llamarlos amigos), me dirijo a ustedes porque todo ciudadano tiene su derecho a réplica. Por razones, ajenas a mí, me vi obligado a tomar este espacio de expresión por la fuerza. ¡Es verdad, lo acepto! Pero, sabrán entenderme cuando les comente el por qué de tal hazaña.

Un hombre como yo, un hombre de negocios, no puede dejarse sorprender por una cronista -que se dice “profesional”- y ver expuesta toda su vida en una columna de un sitio web que ni siquiera es un sitio de negocios (sin ninguna animosidad en contra de su director/a, a quien no conozco ni deseo conocer en mi vida, mejores cosas tengo que hacer). Pero la verdad es que si hubiese querido sacar mis “trapitos al sol” hubisese elegido mejor sitio para ello. Insisto, que no es algo personal, sólo se trata de “clase”, de la cual carece este sitio, de lo contrario no hubiese permitido que una cronisticucha ventilara hábitos que pertenecen al ámbito privado de un reconocido ejecutivo.

Poco y nada conozco de esta columna, porque la cronista poco y nada me ha comentado al respecto. Desde que ella se ha unido a su equipo, poco sé qué hace, a dónde va, con quién se reúne, con qué fines, a cambio de qué, etc.. Sí puedo decir que, desde que se ha unido a este sitio -supuestamente “serio”- ella ha desaparecido del mapa, es decir, del mapa en el que yo pudiera encontrarla. Se ha vuelto sumamente escurridiza, con horarios extraorinarios para reuniones de trabajo, con fiestas exclusivas en bares de sospechosa reputación, con actividades laborales de fin de semana en quintas alejadas de la ciudad… en definitiva se ha vuelto una Sra. “Sospechosamente” Ocupada.

¿Se dan cuenta? Durante meses (¿por qué no decirlo: años?), se me tildó como el Sr. Ocupado. Y el boca a boca se encargó de que me difamaran con tal apodo. El boca a boca tenía un nombre, “su nombre”, el nombre de esta cronista en quien confiaba y a quién le solicité encarecidamente que me mantuviera alejado de eta columna amarillista, ordinaria, vulgar, inculta y ¡despreciable! Finalmente, ocurrió lo que me temía que algún día, yo caminaría por la vereda del sol, y sentiría la mirada de cientos de personas en mi nuca, además de cientos de dedos (o más de cientos, si calculo bien) señalándome y diciendo: “allí va el Sr. Ocupado… aquél que sostiene un romance con la king-size” ¡¿Cómo puedo tolerar esto?! ¡Nadie puede!

Amigos, creo que después de esto, empiezo a considerarlos así… amigos, me siento ¡trai-cio-na-do! Yo creía en la cronista, en esa mujer que me vio en las situaciones que cualquier ejecutivo preferiría olvidar: mi foto de 6 años, disfrazado de Ositio Winn…; otra foto de 15, sin un pelo en el rostro pero atacado por el acné. Nuestras primeras vacaciones juntos, cuando vio que no tenía el cuerpo atlético que había imaginado durante el invierno. Cuando descubrió que para mí -aún antes que mi madre- estaba ¡un buen descanso reparador! Esa misma mujer es la que conoció mi fanatismo por los ochentas, mi sensibilidad por las historias de amor, mi tentación por los chocolates, entra tantas cosas que sólo ella aprendió a conocer y aprendió a amar… Yo confiaba en esa mujer y ¡me traicionó!

Por eso, dije ¡Basta! Y decidí tomar la columna de Karen Online. Desde ahora, seré yo quien tome cartas en el asunto para que la cronista - que ni vale la pena mencionar su nombre- no vuelva a esta columna nunca más. Tan bonito sería que ahora yo empezara a contar aquellas cositas que pertenecen a su vida íntima, ¿no Srta. Cronista? Sería terrible para ella que develara tantos secretos para parecer joven, que publicara su edad -porque ¡señores, no tiene la edad que dice!-. ¿Qué tal si publicara aquellas fotos en Sierra Entraña cuando definitivamente perdiste la línea, Srta. Cronista? Estabas tan bebida que caiste rodando por la ladera y te enterraste de cabeza en un mandarino. ¡De-li-cio-so!

Pero no caeré en esa… ¡o sí! Después de todo, tomé esta columna y nada ni nadie podrá sacarme de aquí. Aunque vengan degollando…

Los veo la próxima, su amigo el Sr. “Traicionado”.